Historia

Se remonta a principios del siglo XIX. En 1801 fue utilizado para denominar el “asesinato de una mujer” en London. En 1827 William MacNish, el asesino de una joven. En la década de los setenta del siglo XX el término fue recuperado por el movimiento feminista incorporando un nuevo elemento: la misoginia, a la definición decimonónica que lo entendía simplemente como el asesinato de una mujer. 


En 1976 la feminista Diana Russell lo utilizó con este sentido al testificar en el Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres en Bruselas. No sería hasta finales de la década siguiente cuando el término femicidio adquiriría mayor relevancia teórica en el ámbito feminista, a raíz de lo que se ha conocido como la masacre de Montreal. El concepto de feminicidio ha cambiado la historia de nuestro país. 



La palabra, y por lo tanto el significado que engloba el concepto, sencillamente no existía. Esto puede parecer un problema semántico, pero la historia de los feminismos y de los movimientos sociales es clara al mostrar que la designación de las desigualdades vividas por medio de conceptos específicos fortalece las causas de lucha. 

Al asignarle un nombre propio al tipo de asesinato en el que el género de la víctima —esa inestable conjugación de sexo biológico e identidad sociocultural— juega el rol más importante, reconocemos que se trata de un fenómeno distinto a otras formas de violencia y podemos así buscar formas particulares para combatirlo.

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