“Los asesinatos de mujeres derivan en un patrón cultural y menos al fenómeno de la violencia social por el crimen organizado”, asegura el INEGI. La conclusión es alarmante y habla de una sociedad machista que no respeta la vida de las mujeres.
El número de los asesinatos contra las mujeres es una tragedia y una vergüenza nacional. El gobierno, las iglesias, las escuelas y la sociedad civil organizada deben trabajar de manera coordinada, para enfrentar de manera decidida el problema. La familia, en muchos casos, es una escuela de violencia contra las mujeres que explica, en buena parte, el carácter estructural de los feminicidios.
“es paradójico porque hay un esfuerzo por parte del Estado para comprometerse con la protección de los derechos humanos de las mujeres, pero los casos aumentan. La violencia es estructural”.
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